El gimnasio del sexo
 Chalexal

Hola, aquí estoy de nuevo, soy Nayara, contando mis fructuosas vacaciones de este año. Después de ser casi violada por el giri ese, digo casi, porque no fue violación ya que no hubo resistencia por mi parte. Simplemente fue un polvo y pensándolo bien, un polvo de los buenos, porque el mamón tenía un pedazo de verga increíble. Bueno a lo que iba, después de echar el polvo con el giri, le di otras muchas alegrías a mi cuerpo.

Al día siguiente, bajé a desayunar, bastante temprano, sobre las 8:30 de la mañana, no sé porqué pero me desperté pronto. Cuando bajaba, me encontré en la recepción a mi amigo el giri y su familia, con las maletas que se iban. Pobrecito, le había jodido las vacaciones. Yo hice como que no le vi, pero él me miró y gritó:

“ Hija de puta, te voy a matar”. Y salió corriendo a por mí. Yo viendo que venía como un loco, salí corriendo por todo el hotel, hasta que encontré una puerta abierta y me metí cerrando la puerta. Cuando me di la vuelta para ver donde había entrado, me encontré que estaba en un gimnasio inmenso, con todo tipo de aparatos para hacer gimnasia. En ese momento oí una voz masculina, cálida y potente:

“Está cerrado, hasta las 10 no se puede entrar”. Pero no veía a nadie. Fui hacia los adentros del gimnasio, guiándome por la voz que había oído. Según me iba adentrando, podía oír como caía agua desde algún sitio, cada vez el sonido era más fuerte y el calor que hacía allí, también. Esa sensación de calor hacía que mi camiseta se pegase a mi cuerpo, unido a la mezcla de excitación, miedo  y curiosidad que me había entrado por estar en un gimnasio encerrada, mis pezones se marcaban sobre ella y empezaban a entrarme escalofríos. Estaba notando como se me estaba humedeciendo el coño.

El ruido del agua, me llevó hasta los vestuarios, entré y estaba lleno de bao y hacer un calor tremendo, pegajoso. Empecé a sudar y a sentir como se deslizaba el sudor por el cuello y llegaba a mis pechos, tenía la cara humedecida. La sensación de sentirme sudada hizo que me mojara por completo. Al llegar a las duchas, que era desde donde venía el ruido del agua, pude ver al hombre que me dio el grito, estaba de espaldas. Era un hombre negro, esbelto, se le marcaba cada músculo de su cuerpo, era algo fantástico, me quedé embobada admirando ese cuerpo, y con el calentón que traía, me corrí. No me di cuenta de que se dio la vuelta. Entonces me dijo:

- “¿No ha oído que está cerrado?”.

- “Sí, sí, perdone pero es que no he podido abrir la puerta y como he oído ruido.....” Contesté sin dejar de mirarle la verga. Era oscura como toda su piel, pero se le veía la punta del capullo, rosada, lo cual llamaba más la atención que en una blanca, bastante gorda para tenerla flácida, y muy larga. Empalmado debía tener 22 ó 24 cms.

- “¿Qué pasa que te gusta mi rabo?”. Me dijo.

En ese momento, debí ponerme roja como un tomate, pero debieron ser 2 ó 3 segundos, porque rápidamente, pensé que sería maravilloso que esa verga me rompiese el culo. Así que dije, muy modosita:

- “Es que nunca había visto una polla tan negra y tan grande”.

- “ A lo mejor quieres probarla”

- “Uff, no sé. Me da miedo. A lo mejor no me coge” Dije, siguiendo con mi papel de modosita.

- “Tranquila, mujer, no te haré daño”. Contestó, dirigiéndose a mí y acariciándome la cara, con la parte exterior de su mano.

Su verga iba creciendo. Junté mi cuerpo al suyo y le agarré con la mano todo lo que me cogía del bulto, masajeándoselo. Él hizo lo mismo en mi sexo, por encima del pantalón, a la vez que introducía su lengua en mi boca. Los masajes que me estaba dando en el coño, me estaban poniendo a cien, empecé a respirar más y más fuerte. De repente dejó de tocarme el chocho y subió rápidamente a mi pecho derecho. Yo mientras seguía agarrándome a esa tremenda polla. Ya la tenía totalmente dura y erecta y si antes dije que debería tener unos 22 ó 24 cms. me quedé corta. Tenía más de 25. Le agarraba los huevos y se los apretaba, con fuerza, pero sin hacerle daño, volvía a cogerle la polla y se la meneaba un rato, lentamente, dejándole todo su rosado capullo a la vista, otras veces más rápido.

Nuestra respiración cada vez era más profunda, ya me había quitado la camiseta y estaba acariciando mis pezones con la punta de su lengua, me los succionó, me mordisqueó los pezones, estaba sintiendo un placer inmenso, tanto tiempo con los músculos en tensión, ya no aguanta de pie, y fui dejándome caer, hasta ponerme de rodillas. Entonces, me sentí en el paraíso, justo enfrente de mí, una enorme verga para mí sola. Aunque al mismo tiempo sentí un poco de miedo, era tan gorda que pensaba que no me cogería. Empecé a besar esa enorme polla, el capullo, el tronco, los huevos, después le lamí con la punta de la lengua, hasta llegar otra vez al rosado capullo. Una vez allí, empecé a embadurnarlo de saliva y me lo tragué, primero el capullo, escondía y sacaba ese capullo que tan loca me volvía y ya sentía dolor en la comisura de los labios, pero al cabo de dos o tres mamadas al capullo, pude introducirla entera en mi boca hasta los testículos. Primero despacio, luego más deprisa. El hombre negro, cogió mi cabeza con las dos manos y siguió los movimientos de la misma con ellas. Era como si me tuviese cogida por las caderas y llevase el ritmo de la mamada como si estuviese follándome a cuatro patas, metiendo y sacando su enorme verga. Eso hacía que la punta de su capullo, golpease en mi garganta.

Mi coño, se iba humedeciendo cada vez más, desprendía un calor que casi quemaba, necesitaba ser saciado por esa polla que me estaba comiendo. La sacó de mi boca, me cogió en brazos y me tumbó en un banco de abdominales. Jamás me había excitado tanto, la forma de quitarme la ropa. Se arrodilló en el suelo delante de mí y sin dejar de mirarme a los ojos, con una hermosa sonrisa. Empezó a bajarme los pantalones, pero mientras los bajaba, me acariciaba las piernas, los muslos, los gemelos, los tobillos y los pies. Con mi tanga hizo la misma operación, sentía que no podría aguantar mucho, que me iba a correr en cualquier momento. Entonces acercó su boca a mi sexo, y en el momento que sentí la punta de su lengua acariciarle, mis caderas se echaron hacia delante, como si quisieran que me clavase su lengua en mi ardiente chocho y entonces me vacié en su boca, teniendo un orgasmo inmenso. A él no le importó, siguió trabajando con la lengua mi coño, hasta que empezó a humedecerse de nuevo.

Cuando notó que ya lo tenía mojado, se subió encima de mí, primero acarició mi sexo con su verga y luego lentamente me la fue introduciendo, hasta que sus testículos chocaron con mi culo, mientras mordisqueaba mis pezones. Sentía como su capullo tocaba el final de mi sexo, creía que me partía, fue una sensación indescriptible, ¡¡¡ estaba a punto de correrme otra vez!!! En ese momento la sacó y esa sensación fue disminuyendo, pero entonces la volvió a meter, esta vez un poco más deprisa y cuando volvía a sentir la misma sensación, la volvía a sacar. Así estuvo durante un largo tiempo, hasta que crucé mis piernas alrededor de su duro culo y no le dejé salir. Entonces empezó a penetrarme más rápido y de una forma salvaje. Me sentía como los ángeles, siguió follándome, yo no podía dejar de jadear y gritar: “Sí, sí, sí, sigue, fóllame, no pares, me voy a correr, me voy a correr”. Y el seguía, me corrí, fue el mayor orgasmo que he sentido en mi vida, mi cuerpo no paraba de tener espasmos.

Entonces, se salió de mí y me dio la vuelta. Yo estaba tan cachonda y tan rota, que me dejaba hacer. Me puso a cuatro patas y empezó a acariciarme el ano, con la punta de la lengua, mojaba alrededor de mi agujero y de vez en cuando lo follaba con la lengua. Mi coño, ya estaba otra vez en marcha, empapado de flujo y sentía que me venía otro orgasmo:

- “OH, sí, cómeme el culo, qué gusto, sigue, sigue. Por favor, rómpele ya, me voy a correr otra vez”

Siguió chupándome y follándome el ano con la lengua, hasta que me corrí otra vez. Entonces, me metió un dedo en el culo, muy despacio, lo metía y lo sacaba lentamente, yo sentía que mi ano se iba dilatando, luego fueron dos y al final tres. Yo ya no podía más, sentía que tenía otro orgasmo a las puertas, pero si me corría otra vez, me quedaría muerta. Cuando él notó que los tres dedos entraban fácilmente, me los sacó se subió otra vez en el banco y de rodillas apuntó su verga en mi culo y fue introduciéndolo poco a poco, me hacía daño, pero también sentía placer y no podía decir que no. Después de unas cuantas entradas y salidas, mi culo estaba lo suficientemente dilatado, como para ser follado. Así que empezó sus embestidas y me dejó fuera de sí:

- “ Sí, sigue, párteme el culo, negro, destrózame”

- “Sí zorrita, sí. Te lo estoy rompiendo, toma, toma, ah, ah, me voy a correr”

- “Espera, cabrón. Córrete en mi boca, doy la vida por probar el semen de esa verga”

Entonces la sacó del culo, se puso de pie, yo me senté en el banco y me tragué esa magnífica polla de un golpe, succioné todo el rabo, mientras se lo meneaba con la mano, hasta que sentí que le llegaba, entonces aumenté mi velocidad y empezó a correrse, sus chorros de semen iban directos a mi garganta, delicioso, no paraba de correrse, se me salía por la comisura de los labios, mi boca estaba totalmente blanca, así que me la saqué y seguí meneándosela, y seguía soltando leche en mi cara, así que apunté a mis tetas, y en cuanto el primer chorro, rozó mis pezones, sentí el último orgasmo de la mañana.

Tumbados los dos en el suelo, me dijo:

- “Bueno, ¿nos presentamos?

- “Ja, ja, mi nombre es Nayara.” Contesté.

- “Vaya Nayara, no eres tan modosita como aparentas. Mi nombre es Marcelo”. Dijo.

- “Bueno, cada uno utiliza sus armas, tú con esa verga no necesitas más” Y diciendo esto, cogí mi ropa y me fui a las duchas.

- “Puedes venir cuando quieras, por las noches venimos dos o tres amigos a bañarnos. Sobre las once...” Gritó, mientras me alejaba de él.
 

por Chalexal
 
 

Volver al Indice de Chalexal