Dos primas en la ducha 
 por Jaime
Hay innumerables cosas en este mundo que me provocan una súbita y tremenda excitación. Una de ellas, infalible, es recordar las historias lesbo-adolescentes que me cuenta Alba, mi mujer. Ella no se considera bisexual aunque tampoco elude admitir que no se arrepiente en absoluto de sus experiencias. En su momento disfrutó de ellas y, ahora, soy yo quien se deleita escuchando sus recuerdos. Tales experiencias, la  juveniles, sólo fueron dos y han pasado desde entonces más de una década. La primera de ellas fue la que compartió con su prima.

Alba tenía 16 años. Yo la conocí tiempo después y no debía de ser en aquélla época muy diferente a cuando yo la vi por primera vez. Con su cuerpo ya dispuesto, sus hermosos pezones, sus caderas anchas o su rostro juvenil, el mismo que hoy conserva.

En su personalidad, en cambio, sí que debían de observarse matices distintos a lo que es hoy. Quizá no fuera tan diferente pero al menos sí más cohibida e inmadura. Su educación y su ambiente familiar no es que fuera intransigente o intolerante, pero tampoco podríamos calificarlo de liberal. Digamos que por aquella época sus inquietudes adolescentes chocaban con ciertas barreras conservadoras. En cualquier caso, por entonces, al igual que hoy, la mente de Alba ya creaba sus propias fantasías y sus intereses se abrían hacia la sexualidad y a las nuevas experiencias. Así comenzaba ya a mostrarlo en su círculo íntimo de amistad mucho más favorable que su ambiente familiar a las nuevas motivaciones vitales de Alba. A esa edad, de hecho, ya había disfrutado de sus primeras experiencias con chicos que incluían masturbaciones y sexo oral. Sabía lo que era un orgasmo.

Pero aunque su círculo de parientes, como hemos dicho, era en general de tradición conservadora, en toda familia hay excepciones y una de ellas es la otra protagonista de la historia, la prima de Alba, Elena. Es un año menor que la quien hoy es mi mujer y desde pequeñas han mantenido una estrecha relación que continúa en la actualidad. Elena, por las fotos que he visto y por lo que me cuenta mi esposa, estaba en aquel entonces menos desarrollada que Alba, quizá porque su físico es menos voluptuoso que el de mi mujer. En aquella época los pechos de Elena eran prácticamente inexistentes y destacaba al igual que hoy por un tipo delgado, el clásico de una persona nerviosa. Una tez morena y un cabello del mismo tono completaban una figura muy atractiva

Pero los principales cambios de Elena se iban a dar en su interior. Según he sabido desde los 14 años aproximadamente ella comenzó a tener claro que le atraían las chicas. En un primer momento su carácter abierto sufrió un cambio. Ya no se encontraba a gusto relacionándose con chicos y estaba segura del rechazo que provocaría en las chicas el reconocer su condición. Su gran trauma era elegir con quién compartir sus sentimientos y  saber con quién podría desahogarse y sentirse comprendida. Pero la crisis no duró mucho y cumplidos los 15 supo asimilar ese duro trance por el que muchos adolescentes tienen que pasar, el de aceptarse a sí mismos. A ello ayudó el que eligiera a Alba como confidente.

Elena se quedó encantada con la aceptación que mostró Alba, y en ésta, la condición sexual de su prima despertó una enorme curiosidad, y porqué no decirlo, también cierto morbo. Sin embargo, en un principio, poco podía contar Elena a Alba ya que su experiencia en relaciones era nula. Pero eso se acabó con el primer rollete de Elena, una chica de su clase con la que no había pasado de meterse mano y compartir lenguas. Aun así Alba escuchaba enormemente interesada detalle a detalle el transcurso de ese primer contacto juvenil y lésbico de su prima.

Y así llegamos hasta el día en que ocurrió la historia que quería compartir. Era el verano de 1991. Pasaban las vacaciones toda la familia en una gran casona costera del levante español. Abuelos, padres, tíos, hermanos y primos. Ambiente familiar que Alba y Elena compaginaban con su pandilla playera. Aquel día las dos chavalas habían pasado el día en el mar y por la noche habían quedado para hacer una barbacoa con sus amigos. Coincidía la cita juvenil con una cena familiar en una localidad cercana pero las dos primas, al ser las mayores, estaban exentas de acudir a ella y optaron por seguir sus planes pandilleros.

Las dos jóvenes llegaron más tarde de lo previsto a casa. Tenían prisa por asearse y cambiarse para salir cuanto antes y reunirse con sus amigos. Sus padres hermanos y demás estaban ya todos arreglados para su cena porque era necesario partir pronto. Debían de desplazarse unos 30 kilómetros al lugar de restaurante donde habían realizado la reserva. Cuando se cruzaron con la madre de Alba ésta les informó de que ya se iban todos y añadió la consiguiente ristra de instrucciones maternas. Cerrad la casa, no lleguéis tarde etc.

La familia fue saliendo y el bullicio de tanto gentío apagándose. Alba y Elena se quedaron solas. Ellas también tenían el tiempo justo pero ante una cita social adolescente no iban a renunciar a arreglarse y a ponerse guapas, además sus amigos también habían llegado tarde a sus casas.

- ¿Quién se ducha primero?- preguntó Alba.

- Dúchate tú- respondió Elena, pero casi al instante corrigió- Oye, tengo una idea ¿por qué no nos duchamos juntas y así ahorramos tiempo?

Alba recibió con sorpresa la propuesta y reaccionó bromeando.

- Tú lo quieres es meterme mano.

- Mas quisieras tú- respondió también bromeando y con un gesto de fingido orgullo su prima.

No era, ni mucho menos, la primera vez que se duchaban juntas. Se veían desnudas a diario porque dormían y se vestían en la habitación que ambas compartían. Quizá la mayor novedad era que se encontraran solas, un hecho que en una casa tan poblada ocurría raras veces en el verano.

Finalmente Alba dijo:

- Bueno vale, pero si no me tocas- dijo mofándose de su prima.

- No sé si podré evitarlo- replicó con cara de vicio Elena.

Y las dos primas riéndose de sus propias bromas se dirigieron hacia el cuarto de baño.

Se desnudaron sin ningún pudor, ya he comentado que estaban acostumbradas a verse, y se metieron en la bañera. Alba fue quien cogió el mango de la ducha y comenzó a mojarse la cabeza. Elena mientras se abrazaba así misma con expresión de tener frío. Al verla Alba le mojó la cara acercándola el teléfono de la ducha y rió del susto que se llevó la prima al recibir el agua.

- Eres una guarra me has dado en toda la cara- y con una maquiavélica sonrisa, Elena, puso gesto de venganza- ¡Ahora te vas a enterar!

Le arrebató en un rápido movimiento el mango de la ducha y comenzó a rociarla de agua. Alba se dio la vuelta y se inclinó hacia delante para protegerse. Elena, quizá ya excitaba por la situación, miró el culete de su prima y le dijo:

- Y además voy a incumplir mi promesa y te voy a meter mano.

Le pellizco el culo más de forma jocosa que sexual y para no confundir términos subió las manos para hacerle cosquillas en la cintura, un aparte del cuerpo que Alba tiene muy sensible. Las dos primas reían sin parar.

Cuando Alba me cuenta esta historia reconoce que esos tocamientos en el culo, le produjeron cierta excitación. En ese momento su espíritu experimentador y adolescente le llevó a provocar a su prima.

- ¿Quieres excitarme eh? Pues lo llevas claro.

Y Elena envalentonada con la provocación respondió a su prima.

- Te puedo poner a 100 si quiero, peazo viciosa.

Y a ello se dispuso. Empujo a Alba contra la pared y se agachó hasta colocar su boca a la altura del monte de venus de su compañera de ducha. Miró desde abajo a su prima y vio, que lejos de asustarse, Alba mostraba una sonrisa como diciendo: “No te vas a atrever”. Elena animada por la actitud de su prima, no lo dudo un momento. Sacó su lengua y con ella toco la vagina de Alba. Primero rozando sus labios mayores. Volvió a mirarla la cara y, observando que había cerrado los ojos, se decidió a introducirle la lengua más adentro, rozándole sus clítoris y masajeándolo con delicadeza. Era la primera vez que Elena chupaba un coño. Su fugaz aventura con la compañera de clase no había llegado a tanto. Para ambas era una experiencia nueva, aún así, Elena, conocedora de su propio cuerpo gracias a la masturbación, sabía muy bien donde y como dar placer.

Elena continuó un buen rato chupando la vagina de Alba. Podía escuchar los suspiros de su prima mayor, cada vez más fuertes. Mientras, ésta disfrutaba de lo lindo. El lesbianismo de su prima le daba morbo pero nunca había pensado acabar así con ella. Se veía así misma desnuda, pegada a la pared notando el frío de las baldosas por la espalda y el agua de la ducha salpicándola. Y abajo observaba la cabeza de su prima y disfrutaba del placer que le estaba regalando. Elena chupaba mejor que los niñatos a los que les había dejado probar su fresa. Para facilitarle la labor se abrió más de piernas. Y su prima respondió intensificando el cunnilingus.

Así estuvieron unos minutos con Alba al borde del orgasmo. Pero Elena decidió interrumpir la lamida. Se levantó y acercó su boca a la de su prima. Le metió la lengua y Alba respondió con la suya en un apasionado beso. Elena llevaba toda la iniciativa. Cogió a su prima y la tumbó en la bañera. Le dijo...

- Cierra los ojos.

Alba obedeció y Elena se hizo con el mango de la ducha, lo puso a escasos milímetros de su coño y lo fue deslizando a lo largo de toda la raja. Alba estaba muy excitada. Decidió no pensar en lo que estaba ocurriendo y dejarse llevar. Al rato, Elena volvió a tomar la iniciativa. Se dio la vuelta, se tumbó encima de su prima colocando su coño encima de la boca y su boca encima del clítoris de Alba. Ésta entendió el mensaje, sacó la lengua y la dirigió directamente al clítoris iniciando un 69 apasionado.

Tardaron pocos minutos en llegar al orgasmo. Alba antes que Elena. Le hizo un gesto a su prima para que parara y, mientras, ella siguió prácticamente comiéndose el botón de Elena hasta que ésta llegó a un evidente éxtasis.

La escena hubiera dejado desencajado a cualquiera que la viera: las dos desnudas, tumbadas de forma invertida en la ducha, jadeantes tras la intensa experiencia.

  Alba comenzó a sentirse un poco avergonzada. Fue otra vez Elena quien tomó la iniciativa y dijo con total naturalidad...

- Tía, que se nos ha hecho muy tarde. Hay que ducharse.

Y a ello se pusieron sin comentar lo que había pasado. Fue una vez fuera de la bañera, mientras se secaban, cuando Elena preguntó:

- Bueno ¿qué te ha parecido?

- Pues bien, pero ahora estoy un poco flipada.

- Tía ¡qué te has vuelto lesbiana!

A Alba le impactó esa afirmación pero al ver la cara de su prima comprendió que se estaba riendo de ella. Elena, aunque un año menor, era más madura que Alba, y tenía la capacidad de hablar del tema con naturalidad, algo difícil para un adolescente. Así, en un tono tranquilizador, le preguntó a su prima:

- A ver, ¿a ti te ponen los tíos?

- Pues a mi claro, que me ponen.

- Entonces no tienes por qué preocuparte. No eres una tortillera como yo, solo una tía un poco zorrilla que ha tenido un calentón en la ducha.

-  Vaya, pues me quedo más tranquila- dijo Alba mientras veía como su prima era incapaz de contener la risa.

Los días siguientes Alba estuvo algo confusa, pero finalmente, sobre todo gracias a la naturalidad de su prima, se dio cuenta de que Elena tenía razón. A ella le gustaban lo chicos igual que siempre y, simplemente, había tenido un calentón con Elena del que por cierto, y hoy en día lo admite sin tapujos, disfrutó sexualmente como nunca antes lo había hecho.

Al margen de algunas masturbaciones, eso sí cada una a lo suyo y sin tocarse, Alba y Elena nunca volvieron a practicar juntas el sexo. Sin embargo ésta no fue la última experiencia lésbica de Alba. La siguiente sería con sus amigas más íntimas aunque, quizá, no fuera tan vibrante como la que compartió con su prima.
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por Jaime
 
 

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