Cuentame tu fantasía
 La rosa descalza
.......... David está escribiendo un mensaje.

- Siempre que deseo algo, intento hacerlo realidad. ¿Y tú, Laura?.

Cuéntame cual es tu fantasía.

- Muchas veces, me excito imaginando que estoy follando con dos hombres, y si son desconocidos, me da un morbo increíble.

- Ummm, interesante. ¿Y no te gustaría que dejara de ser una de tus fantasías para sentirlo de verdad?.

- Sí, pero no se si me atrevería.

- Podemos hacerlo, Laura.

- ¿El que, David?.

- Tu fantasía. Yo buscaré a tu otro desconocido, confía en mi.
.............................

Conocí a David a través de un chat hacia aproximadamente un par de meses. Hablábamos a diario a través del messenger, y para mí no era un desconocido, aunque nunca nos hubiésemos visto. Nos intercambiamos fotos y muchas veces manteníamos largas conversaciones telefónicas.... bueno.... para ser sinceros, lo que más nos gustaba era masturbarnos juntos, escuchándonos.

Habíamos quedado en un café céntrico de Barcelona, en la Plaza Cataluña, a las diez de la noche. Sólo tenía una hora para arreglarme para la ocasión. Quería impactarle cuando me viera, así que, empezó el ritual: una ducha rápida, leche hidratante por todo mi cuerpo para tener la piel muy suave, un poco de maquillaje, carmín rojo para destacar más mis labios carnosos, mi larga melena lisa recogida en una coleta alta, dejando escapar algún pelo suelto que rozaba mi cara, y..., ¿que me pongo?.

”Lo más provocativo que encuentres en el armario, Laura”....iba pensando en eso, mientras me dirigía a mi habitación, con una toalla anudada al cuerpo. “Decidido, el negro siempre funciona”: medias con liguero de encaje, sujetador y tanga transparentes, no, mejor sin sujetador, zapatos de tacón y un vestido corto, ajustado al cuerpo que deja al descubierto los hombros, con un sensual escote en V, enmarcando mis pechos, erguidos, firmes e insinuantes...”Pareces una buscona”... pensé al mirarme en el espejo, pero no me importaba. Lo que más deseaba era salir en busca de mi fantasía.

Entré y ahí estaba David, había poca gente en el café y no me costó reconocerle. Moreno, con unos ojos grandes, verdes, que al verme entrar encontraron mi mirada buscándole. Iba vestido como describió, tejanos azules y una camisa blanca con las mangas dobladas hasta el codo. Sentado, en frente de él, había otro chico. Yo no podía verle, estaba de espaldas a la puerta. Era mi otro desconocido, y eso hizo que me pusiera nerviosa, casi a temblar.

David y Jaime. Esa noche harían que me abandonara a mi fantasía, dejándome arrastrar por el deseo de sentirme follada por dos desconocidos. Salimos a la calle en busca de un taxi, estábamos en el centro, así que encontramos uno enseguida. Los tres subimos al asiento trasero, entró Jaime, yo detrás de él y por último David, indicándole al taxista....

- A la Casita Blanca, por favor.

El hombre se nos quedó mirando, pero no dijo nada. Emprendió la marcha al lugar elegido por David.

La Casita Blanca, todos la conocen pero curiosamente cuando se habla de ella, nadie ha estado nunca. Un lugar de encuentro para amantes fugaces y parejas ocasionales, donde pueden liberar sus más íntimos deseos. Tendrían que llamarla la Casita Roja, sus habitaciones son testigo de las más calientes pasiones.

Durante el trayecto, el taxista, un hombre de unos cincuenta años que podría ser mi padre, no dejaba de mirarme a través del retrovisor interior. Sabía perfectamente a lo que íbamos allí y eso hacía que me sintiera incómoda.

Iba sentada en medio de mis dos desconocidos, cuando David cogió mi mano y la apretó. Me volví para mirarle y él acercó lentamente sus labios a mi boca para besarme, con un dulce y cálido beso que me inundó de confianza y seguridad.

No dejó de besarme. Lamía mis labios, metía su lengua en busca de la mía saboreándola, mientras rodeaba mi cintura con su brazo para acercarme más a él. Pasé mis manos por su nunca, enredando mis dedos en su pelo y empezó a morrearme más deprisa. Su boca sabia a vicio. De pronto, sentí el calor de las manos de Jaime entre mis piernas, subiéndome lentamente el vestido. Pasaba sus dedos por el interior de mis muslos, muy despacio, jugando con las gomas del liguero.

El taxi entró por el acceso principal, un parking que desembocaba en un largo pasillo estrecho, con una luz tenue, donde al final veíamos una puerta y un señor vestido con un traje negro, de pie, como si esperara nuestra llegada. El taxi se detuvo, y él hombre de negro, de inmediato corrió una gran cortina azul oscuro, de pared a pared, completamente opaca, quedando oculto el taxi de los demás coches que entraban detrás de nosotros, ....a veces, la casualidad es muy caprichosa.

Nos acompañó hasta la habitación y al cerrar la puerta nos envolvió el deseo de sentirnos, y yo, estaba dispuesta a dejarme llevar por ese deseo.

Una enorme cama subida en una tarima, ofrecida para ser el templo del placer, en la cabecera un gran espejo inclinado mostrando reflejada su imagen y justo en la pared de enfrente, un televisor que proyectaba las imágenes de una película porno, con sus frases y sonidos tan originales.

Jaime cogió el mando y la apagó. Me miró...

- Sólo queremos oír tus jadeos, putita... Vamos a follarte, Laura. Quiero ver lo que sabes hacer con dos pollas...

Uff! esa frase, me calentó muchísimo. Jaime, que se había mantenido en un segundo plano, dejando llevar la iniciativa a David, tan sólo con esas palabras me había hecho sentir muy deseada.

Sonrió mirándome, me cogió de la mano y me acercó a su cuerpo, poniendo sus manos en mis caderas. Me dio un beso en la mejilla y empezó a lamer lascivamente mi cara. Metió dos dedos en mi boca. Yo los lamía despacio, mirando a David, como delante de mí iba desnudándose. Sin perderme ni un solo movimiento al desprenderse de su ropa, dejándome ver su cuerpo completamente desnudo.

Jaime mordía mis labios y con la punta de su lengua los dibujaba hasta llegar a penetrar mi boca, que ya estaba abierta, esperando recibirle. Sentía sus manos en mi culo, apretándolo, cada vez más fuerte. El vestido se me iba subiendo hasta notarlo en la cintura. Metió su pierna entre las mías, clavando su muslo contra mi sexo.

Noté el cuerpo desnudo de David en mi espalda, recorriendo con su lengua mi cuello, mis hombros. Metiendo sus manos entre nosotros, para ir en busca de mis pechos y alcanzarlos. Pellizcaba mis duros pezones y podía sentir como su polla empalmada rozaba en mi culo, mientras me susurraba al oído ...

- Vas a tener dos pollas para ti solita, Laura...

Nuestros cuerpos estaban pegados, calientes, ardían de deseo.

Me senté en el borde la cama. David, de pie, metido entre mis piernas abiertas. Me levantó los brazos para quitarme el vestido, apartó el tanga a un lado y empezó a acariciar con sus dedos mi coñito rasurado, lo hacia muy despacio, suave. Con la palma de su mano presionaba mi clítoris y yo me retorcía de ganas. Hundió de golpe dos dedos dentro de mi sexo y empezó a masturbarme fuertemente.

Frotaba su polla en mis pezones, subiendo por mi pecho, por mi cuello, hasta llegar a mis labios y meterla en mi boca. Mi lengua recorría una y otra vez toda su verga, de arriba abajo, lentamente, sin dejar de mirarle.
Mis manos acariciaban sus huevos y se la chupaba cada vez más rápido, aprisionándola entre mis labios e intentando metérmela toda en la boca.

Jaime se acercó a nosotros, quitándose la camisa. Alargué una de mis manos para ayudarle a bajar la cremallera de su pantalón y liberar su enorme pene, listo para mi. Había estado mirándonos mientras David me masturbaba y yo se la chupaba. Me cogió del pelo, deshaciéndome la coleta y enredando sus dedos en él, empujando mi cabeza para dirigirla a su polla, pidiéndome que se la chupara a él también.

La metí en mi boca y empecé a mamársela muy deprisa, mientras con mi mano masturbaba a David. Engullía la polla de Jaime y pajeaba a David. Lamía con ansia la polla de David y acariciaba los huevos de Jaime. Estaba sedienta y no dejaba de tragar esas dos pollas. Sentía la mezcla del sabor de sus vergas en mi boca y también podía sentir como les faltaba poco para correrse. Era alucinante ver sus caras llegando al límite, pero aguantando. Prolongando el placer.

Me tumbaron en la cama y me quitaron la poca ropa que me cubría. Sentía cuatro manos llenando mi cuerpo de caricias y mi cuerpo respondía a cada una de ellas con un suspiro, con un gemido cada vez más intenso, que iba acelerando mi excitación y la de ellos.

Jaime sumergido entre mis piernas. Con sus manos acariciaba mi vientre y con su lengua lamiendo el interior de mis muslos. Subiendo hasta las ingles, recorriendo lentamente ese camino, mojándome con su saliva, derritiéndome con su lengua. Puso sus manos en mis caderas, rodeándolas, para meterlas debajo de mi culo. Elevando mi coño para ponerlo más cerca de su cara. Mi excitación aumentaba con el ritmo de su lamidas.

- ¡Morreame el coño!.... Quiero correrme con tu lengua.

Retumbaron esas palabras salidas de mi boca. No sabia que me estaba pasando. Sí, si lo sabía. No aguantaba más, iba a correrme con la boca de Jaime en mi sexo y la lengua de David lamiendo mis pezones.

Miré hacia arriba y allí estábamos los tres, reflejados en el espejo. Grabé esa visión en mi mente y cerré los ojos, para sentir como recorría un intenso y profundo orgasmo por todo mi cuerpo, gimiendo sin cesar.

Me faltaba el aire y David subió con su lengua por mi cuello, hasta llegar a mi boca para darme su oxígeno. De mis ojos resbalaban pequeñas lágrimas de un enorme placer y David las capturó, una a una, con su lengua.

Me puse a cuatro patas, con las piernas bien abiertas. Mi sexo estaba empapado y latiendo todavía de la corrida. De rodillas delante de mi, David, ofreciendo su polla a mi boca y detrás de mi, Jaime, cogiéndome de las caderas y restregando su polla en mi coño, sin meterla. Recorriendo toda mi raja hasta sentirla en mi culo, intentando dilatarlo con la punta de su polla, mojándola en mis jugos.

Sentía la polla de David a punto de eyacular y aceleré mi lengua, succionando con mi boca toda esa fuente de placer. Jaime metió un dedo en mi culo y de un golpe profundo hundió toda su polla en mi coño, embistiéndome salvajemente. Empujándome contra David y obligándome a tragar toda su polla.

Los chorros de leche caliente salían con fuerza, llenando mi boca, mi cara. Mi lengua recorría mis labios saboreando su semen, mientras le miraba a los ojos y veía en ellos su placer.

Jaime seguía follándome, ahora más despacio. Me cogió del pelo tirando suavemente de él, obligando a levantar mi cabeza e invitándome a mirarnos en el espejo. Vi mi cara llena del semen de David y sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Me excitó verme así, con la polla de Jaime dentro de mí.

Empujé mi culo contra él, clavándome más su verga. Quería saciarme y también quería volver a correrme. Mi coño empezó a latir, apretando su polla. Sus manos se aferraron a mis tetas, sobándolas, pellizcando mis pezones. Un nuevo orgasmo me invadió. Jaime saco su polla, restregándola en mi culo, descargando su corrida en él. Su leche caliente resbalaba por mis nalgas. Mojaba mi sexo. Mi cuerpo recibia la tibia y húmeda fantasía.

Quedamos tendidos en la cama, boca arriba, sudorosos y extasiados. Nos veíamos en el espejo y nos reíamos, imaginando si detrás de ese enorme espejo nos había estado observando alguien.

Empezamos a hablar de las sensaciones que habíamos sentido, de nosotros, de las cosas que nos gustaban...

David se quedó dormido. Jaime y yo seguíamos hablando.

- Me gustaría conocerte, Jaime.

- Y a mi descubrirte, Princesa, ....¿sabes que me gustaría ahora, Laura?.

- Dime.

- Que te levantaras, y mirarte mientras te vistes para mí, para luego poder desnudarte y hacer el amor contigo.

...................................

- ¿Te ha gustado David?.

- Me ha encantado, pero...cambiaria el final. Jaime es el que se queda dormido y yo me quedo con la chica.

- Bueno... eso depende de cómo este de bueno tu amigo...

- Podemos hacerlo, Laura.

- ¿El que, David?.

- Tu fantasía....

La rosa descalza
 
 

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