Mi tia Brenda
 por Jorge
La historia que estoy a punto de contar sucedió hace un par de años y narra la peculiar relación que llegué a entablar con mi tía política.
Por aquella época yo ya contaba 21 primaveras y estaba más cerca de ser un hombre que un chico. No llegaba a ser un Don Juan, pero en cuanto a mujeres, no me podía quejar, claro que ellas tampoco se solían quejar conmigo. Físicamente no era algo espectacular, aunque siempre me consideraron guapo; rozaba el 190 y era delgado, aunque de cuerpo formado. Moreno de piel, pelo y ojos.

Un tiempo antes mi tío Juan, el pequeño de los hermanos de mi madre se había casado con una joven de 23 años; Brenda. Mi tío sólo le sacaba a ella dos años menos de los que ella me sacaba a mí, ni que decir tiene que pasó automáticamente a ser mi tía favorita. Brenda derrochaba simpatía allá donde fuera, claro que en mí despertó mucho más que sonrisas, ya que además de graciosa e inteligente era muy guapa. Supongo que mediría alrededor de 170cm y pesaba alrededor de los 60kg. No estaba flaca, pero menos aún gorda. Tenía formas sinuosas que a mí se me antojaron perfectas, distaba de ser la típica niña universitaria con la que yo trataba a menudo. Ella tenía cuerpo de mujer. Si bien su melena castaña y el brillo de sus ojos correspondían a los de una chica de bachiller, su pecho y sus piernas parecían sacados de la mejor de las revistas eróticas. No recuerdo cuando empecé a idealizarla, pero al cabo del tiempo empecé a ver en ella a la mujer perfecta, y además de estos bonitos sentimientos, Brenda llenó mi mente de fantasías mucho más pasionales, y carnales.

Siendo yo el mayor de los primos el contacto entre nosotros fue especial desde el principio. No hace tanto que ella se encontraba en mi situación, y quizá incluso echaba de menos sus días de estudiante soltera en la facultad. Yo ni siquiera la veía como mi tía, más bien como una atractiva prima lejana que había entrado en nuestras vidas sin previo aviso. Ella no me trataba como a un niño, y eso hizo que cogiésemos aún más confianza.

Un día al comienzo del verano, estando yo de fiesta con mis amigos en un pub de copas la vi aparecer. Me quedé algo cortado, pero ella enseguida hizo que se relajara el ambiente con su naturalidad.

-¿que tal Sergio? (así me llamo) ¿De fiesta con los amigos? -si tía, veo que tú tampoco te la pasas mal.

Ella iba con más amigas, parecía salida de un despedida de solteras, aunque en realidad no se si era así.

-anda tonto, no me llames tía que me haces sentir vieja, te voy a presentar a mis amigas.

Al momento me agarró de la cintura y me llevó a donde estaban sus compañeras. Por un lado me encontraba incómodo, aunque por otro lado me sentí extrañamente a gusto al estar cogido de la cintura de Brenda.

-¿Este es tu sobrinito? Pues vaya con el sobrinito, ¡¡que guapo es!!Todas rieron, incluyendo mi tía, lo que me hizo ponerme totalmente colorado. Antes de despedirnos mi tía me apartó un poco y guiñándome el ojo me dijo: -oye, no le comentes nada de esto a tu tío eh, él piensa que estoy haciendo una fiesta de pijamas, jajaja.

Y acto seguido me plantó un beso en la mejilla y se fue. Creo que ese fue el momento en que dejé de ver a mi tía como alguien de mi familia y empecé a verla como lo que era: una mujer guapísima que me volvía loco, y la verdad, me la quería tirar, costase lo que costase.

Aquella noche no pasó nada más, bueno sí. Tropecé con una buscona que llevaba tiempo detrás de mí, y con el calentón que yo llevaba encima ocurrió lo normal. La cosa no pasó de besos y tocamientos en los servicios públicos, pero como es normal, mientras recorría los muslos de esa zorra, y amasaba sus tetas por debajo del sujetador pensaba en mi tía. Imaginaba que su cara de eterna sonrisa se transformaba en un rostro lujurioso y que ella me miraba como si estuviese a punto de usarme para su disfrute sexual como al más nuevo de sus juguetes.

Lo mejor del verano estaba aún por ocurrir. Cuando llega al calor mi familia y yo nos mudamos a una pequeña casa de campo que tenemos a unos kilómetros de la ciudad. Muchas veces nos visitaban familiares para salir del ajetreo de la ciudad y remojarse en nuestra piscina.
Mi tío Juan no iba a ser menos y un caluroso sábado apareció por allí con su flamante esposa, tía Brenda.

Yo estaba en mi cuarto estudiando para mis exámenes de septiembre y desde allí, las vistas a la piscina eran insuperables. Normalmente esas vistas no tenían mayor interés, pero hoy teníamos una invitada de honor. Brenda pronto de deshizo de su pareo y dejó al sol su piel morena para disfrute de todos, sobre todo mío. Llevaba un bikini de flores, la parte de arriba era de esas de triángulo lo que hacía que sus pechos pareciesen aún más voluminosos. Debía tener por lo menos una 95 de sujetador, si no más, pero aún así sus senos parecían mantenerse firmes. La parte inferior del bikini era pequeña, sin llegar a ser un tanga, marcaba espléndidamente su figura. Su culito era más respingón de lo que lo había imaginado, y en seguida me entraron unas ganas terribles de azotarlo.

Brenda se tiró de cabeza al agua, y segundo más tarde emergió de forma muy sensual echando la cabeza hacia atrás para quitarse el pelo de la cara, sus generosos pechos acompañaron aquel movimiento, y yo no pude resistirme más. Hacía un rato que me frotaba la entrepierna de manera esporádica, pero mi pene demandaba más, así que tuve que sacarlo del bañador que llevaba puesto y comencé a masturbarme agarrando muy firmemente mi polla. Mientras repetía esos movimientos rítmicamente no apartaba la mirada del cuerpo escultural de mi tía.

Viéndola allí en el con el pelo mojado parecía aún más sexy y eso hizo que aumentara el deseo en mí, así como la cadencia mis movimientos masturbatorios. A continuación ella se dispuso a salir del agua por las escaleras, y yo observé mordiéndome los labios el contoneo de sus caderas y la firmeza de su culo mientras abandonaba la piscina escalón a escalón. Llegada arriba se giró, y recogió su pelo hacia atrás para escurrirlo, aún a pesar de la distancia pude distinguir la protuberancia de sus dos pezones que destacaban de manera exagerada por encima del bikini. No pude aguantar más, cerré los ojos y eyaculé. Fue muy intenso, pero lo mayor fue mi sorpresa al abrir los ojos y ver que mi tía me estaba mirando. Ella mantuvo su mirada durante un segundo y luego esbozó una juguetona sonrisa, parecía divertida. Intenté convencerme a mí mismo de que no me había visto, ella estaba lejos y además mi mano quedaba por debajo del pupitre con lo que era imposible que me hubiese visto. Sin embargo, por alguna razón ella intuyó lo que yo acababa de hacer, lo cual era tan embarazoso como excitante.

Aquel día estuve muy cohibido y no ocurrió nada más, pero por suerte para mí no sería la última vez que Brenda nos visitaría. A decir verdad, al siguiente fin de semana ya estaba allí otra vez, y aunque estuve tentado de volver a quedarme estudiando, sólo para poder observarla, esta vez intenté ir un paso más allá.

Me lancé al agua con intención de unirme al juego de pelota que mi tía Brenda practicaba divertida junto a mis dos hermanas pequeñas. No se si alguien lo notó, pero yo tenía mi mirada fija en las tetas de
Marta, y me encantaba ver que se movían cada vez que mi tía golpeaba la pelota. Pasó un rato antes de que todo el mundo saliese del agua excepto mi tía y yo, y como ya mencioné antes, había muy buen rollo entre nosotros, así que seguimos jugando a la pelota como un par de adolescentes.

-¿a que no me la quitas? – me dijo ella

Yo vi en esa ocasión la excusa perfecta y salí corriendo detrás de
Brenda removiendo el agua a mi paso. Ella chillaba e intentaba zafarse de mí, pero al final, al verse acorralada lo único que supo hacer es agarrase a la pelota y quedarse acurrucada esperando que no pudiera quitársela. Me lancé a ella por detrás con el pretexto de arrebatarle la pelota, pero lo que toqué no tenía nada de plástico.

Le hice cosquillas por el costado llegando casi a sus muslos, y de manera violentamente disimulada también le froté la tripa y cómo no, sus pechos. Estaban sorprendente firmes aunque mantenía ese punto de suavidad que los hacía irresistibles. No se que fue lo que me delató, si la descarada manera en que toqué sus senos, o la erección tremenda que aquello me provocó y que ella, con su culito pegado a mi, tuvo que notar. Ella se puso algo seria por un momento (aunque no del todo) y dándose la vuelta dijo: -ooooye, que eso no se hace.

Y al tiempo que dijo esa última frase me agarró el paquete y comenzó a reír de nuevo, justo antes de salir de la piscina. Mi cara en aquel momento debió de ser un poema, no sabía como reaccionar. No voy a mentir, aquello no fue un descarado sobamiento de paquete ni tampoco ella puso cara de viciosa, fue más bien algo cómico, juguetón, algo que habría hecho una amiga con la que tienes tanta confianza que no pensarías nada raro. Pero la cuestión era que, pensándolo fríamente, mi tía Marta, mejor dicho, la buenorra de mi tía me había tocado el paquete, y además yo le había sobado a ella las tetas. De acuerdo, había sido entre juegos, pero lo había hecho al fin y al cabo. En esa noche y en las venideras Marta fue la protagonista de mis fantasías,
y soñaba con el día en que ese esperma que bañaba mis sábanas salpicara sus partes más íntimas.

Pasó un mes entero en el cual mis tíos no vinieron a visitarnos, y evidentemente, eso me hizo pensar. ¿Se habría molestado? Seguramente sí. Pensaría que soy un salido, un pervertido, o algo peor. Pero a decir verdad yo estaba equivocado, y lo que iba a pasarme en los próximos días no lo olvidaría jamás. Se tuvieron que dar un gran cúmulo de casualidades, pero la diosa fortuna se puso de mi lado y me brindó la oportunidad más clara de hacer realidad una de mis más recientes fantasías.

Mi tío Juan se iba un semana de viaje de negocios, con lo que mi tía
Brenda estaría sola en casa. Aquello no me daba muchas esperanzas, ya que yo no tenía la valentía suficiente para acercarme a su casa y abordarla, pero ahí es donde entró en juego mi otra baza. Mis padres llevaban tiempo queriendo pasar unos días solos, y unos amigos que tenían casa en la playa se la habían ofrecido generosamente. Ellos rechazaban la oferta ya que decían que mis hermanas eran demasiado pequeñas para quedarse solas y que yo no cuidaría de ellas, ya que me iría con amigos y no les prestaría ninguna atención.

-¿Y por qué no le dices a tía Brenda que se venga aquí el fin de semana, Mamá? Ella está sola.

Mi madre me miró con gesto de estar considerando mi idea, y por lo que supe en las siguientes horas, no sólo la había considerado sino que la había aceptado. El viernes por la tarde ellos se irían y en sustitución vendría Marta a cuidar de mis hermanas y hacernos compañía. Llegado el gran día yo estaba tan nervioso que no sabía que ponerme, pero decidí que lo mejor sería actuar y vestir con normalidad, ya que no pasaba nada especial, ¿no? Al menos eso quería aparentar yo.

La noche fue transcurriendo y mi tía Brenda no me prestó ninguna atención, estuvo todo el tiempo jugando y bromeando con mis hermanas, que también la adoraban. Eran más de las 12 cuando mis hermanas se tuvieron que ir a la cama, y nosotros, Marta y yo, permanecimos un rato más en el salón viendo la tele. Al principio fue una conversación de besugos… -¿no sales esta noche? -no, no me apetece
-pues anda que quedarte aquí viendo la tele… -ya ves

Con el tiempo fue surgiendo la complicidad entre nosotros. No era tanta la edad que nos separaba, así que empezó a preguntarme por chicas, por los estudios, la fiesta, esas cosas que se supone hacen los jóvenes, y que ella entendía perfectamente. Haciendo zapping en la tele, dimos con una película en la cual los protagonistas se estaban bañando de noche en una piscina.

-¿a que no te atreves a bañarte ahora? – provoqué a Brenda -jajaja, no seas tonto, además en tu piscina no hay luz -¿es que te da miedo?
-¿miedo a mi? No me conoces tu bien… -vamos Brenda , si incluso llevas el bikini puesto… (era cierto) -vale, pero sin armar escándalo que tus hermanas están dormidas.

Su silueta entre la oscuridad me resultó tan sexy como siempre. Se metió en el agua y caminó lentamente hasta que llegó a mi altura.
Debido a la poca luz que había no pude contemplarla bien hasta que estuvo muy cerca. Me debí quedar embobado, y pensando en voz alta se me escapó lo que se me pasaba por la mente en ese momento… -que buena estás… -No me digas esas cosas jaja además, yo estoy muy vieja ya.
Oye, no molestaremos a tus hermanas desde aquí ¿no? -Que va, mi habitación es la única que da a la piscina.

-Ya ya, ya te vi el otro día… “estudiando”, ¿que hacías? -¿Cómo que, qué hacía? Estudiar.

-Vaya, que decepción, yo que me había sentido observada… ¿Era mi imaginación o mi tía me tiraba los trastos? No podía dejar escapar esa oportunidad.

-Bueno tía también te miraba a ti de vez en cuando, pero es que no quería desconcentrarme.

-Pues parecías muy concentrado… en mí No se como ocurrió, pero el caso es que me acerqué y la besé. La besé en los labios, muy suavemente, casi sin querer. Ella se echó a reír.

-Lo siento, no debí…

Mientras decía eso ella subió su mano por mi cuello y mezclando sus dedos entre mi pelo tiró de mi muy suavemente hasta que nuestras bocas se juntaron en un beso. No fue un beso agresivo, fue más bien tierno, pero apasionado. Mi lengua y la suya retozaban juntas en nuestras bocas mientras mis manos no acertaban nerviosas a recorrer su cuerpo con sutileza. Apartó su cara de la mía y me miró intensamente. Pude ver el deseo donde antes sólo había cariño. Brenda deslizo suavemente su mano por mi bañador y encontró mi miembro ya erecto. Lo empezó a masturbar suavemente con su mano.

-Esto, esto es lo que hacías el otro día mientras me observabas…

Yo estaba paralizado, parecía inmerso en un sueño del que no quería despertar. Mi tía pronto me devolvió a la realidad, aunque de una forma muy dulce… Se apartó ligeramente, y el espacio que se creó entre nosotros dos lo aprovechó ella para llevarse las manos a su espalda. Lo siguiente que vi fue la parte de arriba de su bikini flotar en el agua, y sus generosos pechos, salpicados de gotitas de humedad, firmes justo por encima del nivel de la superficie. ¡Qué tetazas! No tenía marca de moreno por ningún lado, sus pechos se mantenía duros como si fueran operados, aunque más tarde comprobé al tacto que eran naturales. Sus pezones marrones de tamaño medio sobresalían como dos garbanzos demostrándome que no era el único excitado en aquel momento.

Puse mi mano sobre uno de sus pechos y ella inclinó su cabeza hacia atrás cerrando los ojos. Por raro que pudiese parecer, daba la sensación de que ella había estado esperando este momento tanto como yo, desde luego ganas no le faltaban, pronto noté su manos sobándome el paquete por encima del bañador. Colocó su otra mano sobre mi cara con delicadeza, y comenzó a besarme mientras andábamos de espaldas hacia el borde de la piscina. Una vez allí Brenda extendió sus brazos sobre él y sacando pecho me invitó a probar el sabor de sus senos. Yo no malgasté el tiempo. La punta de mi lengua acarició uno de sus pezones provocando instantáneamente su reacción. Además de retorcer su espalda, Brenda soltó un pequeño gemidito que hizo que yo no pudiese aguantar más y hundiese mi boca en aquel pezón empapándome del frescor del agua que se posaba sobre aquella espectacular teta.
Sujeté su otro pecho con mi mano izquierda y lo estrujé con pasión.
Pronto mis dedos índice y pulgar entraron en acción y pellizcaron su pezón sin descanso aumentando los resoplos de Brenda. Con mi lengua dibujé circulitos alrededor de su pezón mientras estrujaba su otro pecho con mi mano libre, cada vez que le mordía suavemente el pezón ella soltaba un pequeño alarido y daba un respingo. Me estaba volviendo loco.

No recuerdo cuanto tiempo estuve comiéndole las tetas a mi tía
Brenda, pero pasado un rato, sin más explicación ella se levantó y salió del agua. Yo pensé que se había acabado, pero por aquel entonces no tenía ni idea de lo pasional e insaciable que brenda podía llegar a ser. Ella no tenía ninguna intención de la cosa quedase ahí, se había levantado para ir a la zona en la que teníamos un par de tumbonas. Se dejó caer en aquella tumbona con una pierna a cada lado y con el dedo me animó a que me acercara de la manera más sexy que jamás se haya visto. Evidentemente yo le hice caso y me dirigí hacia donde ella estaba.

Cuando llegué ella se estaba frotando la entre pierna con cara de viciosa, pero creo que sus intenciones eran que yo le diese el relevo, y así lo hice. Primero me tumbé encima de ella y comenzamos a besarnos de manera fogosa. Mis besos fueron descendiendo por su piel mojada; pude saborear su cuello, de nuevo sus pechos, su estómago plano y… Empecé a masajear sus labios vaginales con mi dedo pulgar por encima de la tela de su bikini. Sólo duré un par de segundos así ya que estaba ansioso por ver lo que se escondía allí debajo. Aparté la tela y vi unos labios carnosos y depilados, no se si estaban húmedos por el agua de la piscina o por la excitación de Marta, supongo que por ambas cosas. Fui arrastrado de las tiras laterales de su braguita hacia abajo, y se deslizaron fácilmente gracias a la suavidad de sus piernas.

Allí estaba yo, sentado en el borde de esa tumbona en la que se encontraba mi tía Brenda , tumbada y con las piernas abiertas esperándome. Levanté su pierna con delicadeza, y manteniéndola en alto fui dejando dulces besos por sus pies, rodillas, muslos… Cuando llegué a las ingles ella no podía más, pero yo quería hacerla sufrir un poco así que seguí besando su ingle y luego cambiando a la otra empecé a chuparla y lamerla sin rozar su sexo. Ella debía estar desesperada y soltó: - Pero quieres comérmelo yaaa, por favor.

Y a la vez me cogió del pelo (el cual ya no me soltó) y empujó mi cabeza para que empezara a lamer la conchita más jugosa que nunca he probado. Marta no estaba depilada del todo, mantenía algo de pelo en su pubis rasurado, lo que me ponía aún más cachondo, pero la parte de sus labios, que esta en contacto con mi lengua en aquellos momentos se sentía realmente suave, como si se hubiese depilado esa misma tarde.

Después de salivar bien sus labios mi lengua se aventuró justo entre medias de los dos y encontró en esa zona una cálida humedad muy especial, aquello ya no era agua de piscina, eran los jugos de su deseo, y a mi no me importó saborearlos. Cuando encontré el clítoris comencé a masajearlo suavemente con mi lengua, y Marta empezó a arquear su espalda, pero nunca soltó mi cabeza de entre sus manos.
Parecía que por un lado quería escapar con aquellos movimientos, pero en realidad no pretendía que mi lengua se moviese por ningún otro sitio que no fuera su chochete. La empecé a masturbar con un dedo que se perdió con facilidad por su vagina, así que usé otro más. Sus gemidos se hicieron muy intensos, incluso ahora pensándolo puede que llegase a correrse, pero no me pidió que parase, así que yo continué hasta que mi lengua estuvo exhausta.

Lo que viene a continuación sucedió muy rápido. De repente mi tía me soltó, se levantó y con movimientos autoritarios a la par que seductores me tumbó sobre aquella tumbona, se deshizo de mi bañador y comenzó a manosear mi polla mientras me dedicaba la mejor de sus sonrisas. Era increíble, aún en esa situación podía mantener la dulzura en su rostro, cosa que pronto cambiaría. Siguió masturbando mi pene sin decir ni una palabra. He de decir que si bien no es espectacular, es bastante grande, sobretodo por su grosor. Marta se colocó sobre mí sin soltar mi miembro ni un instante, y colocó el mismo a la entrada de su vagina. Al momento dejó que mi polla fuera se deslizando en su interior llenando mi cabeza de sensaciones que jamás pensé que tendría con ella.

La actitud de Brenda con esa primera postura rozó lo maternal. Era ella la que se movía a un ritmo cadencioso lleno de cariño y me regaló las miradas, gestos y palabras más dulces como si fuésemos una pareja cualquiera que se amaba, haciendo el amor de forma tierna.
Poco más tarde bajó sus rodillas de la tumbona y echó su cuerpo hacia atrás. Cogió mis manos y las llevó a sus pechos antes de comenzar a cabalgar sobre mí como una amazona. Brenda se mordía el labio con los ojos cerrados, y soltaba un gemido continuo que se hacía más intenso por momentos. Después de estrujar sus tetas con ahínco, y cuando sus movimientos se hicieron más acelerados, aparté mis manos de sus senos para verlos rebotar al ritmo que mi tía Brenda me follaba.

A todos nos gusta dominar de vez en cuando, y para mí dominar a mi tía Brenda sería una fantasía hecha realidad. Así que la coloqué a cuatro patas de espaldas a mí y comencé a frotarle la verga por sus hermosas nalgas. Ella giraba el cuello para ver lo que yo hacía, y a pesar de la oscuridad se podía vislumbrar su cara de zorra. Asumí que a Marta le daba tanto morbo como a mí que fuésemos familia cuando ella empezó a gritar con rabia contenida: -fóllame ya sobrinito, ¡fóllame ya!

Me estaba divirtiendo mucho, y seguí haciéndolo. Comencé a frotar mi glande por sus labios arriba y abajo y cuando noté que ella no aguantaba más lo hundí en su calurosa vagina. Brenda estaba cachonda como una perra, mientras usaba una mano de apoyo, con la otra se sobaba las tetas y se estimulaba el clítoris a la vez que yo la penetraba desde atrás. Incluso culeaba, me hubiese podido quedar allí quieto y ella habría completado el trabajo con aquellos movimientos armoniosos. Sin embargo yo no iba a dejar que aquello pasase y comencé a bombear con todas mis fuerzas. Pronto estuve introduciendo todo mi pene en ella, entraba entero, y al ritmo de las embestidas su vulva era golpeada continuamente por mis huevos. La excitación era demasiada y sabía que no aguantaría demasiado así que no tardamos mucho en cambiar de postura.

CuandoBrenda se dio la vuelta además de sudorosa parecía exhausta, pero no dudó en acercarse al borde de la tumbona y abrir sus piernas de nuevo ofreciéndome su coño. Yo me puso de rodillas, y ella agarrándome el pene lo encaminó hacia su vagina. Si bien la penetración en esta postura no era tan profunda como la anterior, debí dar con alguna zona sensible de su sexo pues Marta gemía con mayor fuerza que nunca. Debíamos llevar unos 3 ó 4 minutos así cuando noté la necesidad de eyacular. Mi primera reacción fue la de avisar, e intentar sacarla, pero mi tía Brenda no se andaba con niñerías:
-¡La quiero dentro joder!

Y dicho esto me agarró del culo y me empujó fuerte contra sus caderas. Aquellas últimas penetraciones en las que ella me atrajo hacia sí con sus manos resultaron definitivas, y en la calidez de su coño, mi pene empezó a expulsar todo el semen que se había acumulado en mis testículos, inundando sus cavidades con el ardiente líquido de la vida. En esos instantes en que yo me corría, Marta apretó mis
Nalgas con fuerza, y pude ver que al sentirse llena de mi licor, ella alcanzó también el clímax.

Cuando me retiré de encima de ella parecía feliz. Tenía una sonrisa en su rostro aunque también se la notaba cansada. Me tumbé a su lado sin poder articular palabra, luchando por recuperar el aliento. Ella debió hacerlo antes que yo, porque en apenas un par de minutos ya la tenía de rodillas al pie de mi tumbona preparada para reanimar la víbora que descansaba inerte sobre mi estómago. Apenas me miró, parecía muy concentrada en hacer su trabajo, y después de un par de besos y caricias se metió mi verga en la boca. Noté su lengua haciendo todo tipo de trucos, antes desconocidos para mí, sobre mi glande y sólo sé que cuando se la sacó de entre sus labios mi polla estaba dura como al principio de la noche. Comenzó a hacerme una felación sin esperar nada a cambio, yo creo que lo hacía por ella, por el placer de mamar.

Pero además del placer de mamar debía buscar otros placeres porque al girar mi cuello la descubrí frotándose el coñito con el mismo cariño que sus labios recorrían mi tronco dejando un rastro de saliva a su paso. Cuando se dio cuenta de que la había pillado Marta rió, rió con mi polla en la boca, jaja, aquello me pareció de lo más gracioso. La cuestión es que sin apenas separar su boca de mi polla, giró en redondo sobre esta y alzando una pierna sobre mi cabeza me dejó con el mejor regalo justo frente a mi cara.

Chupé, lamí, devoré aquel coño con las mismas ganas que ella se estaba comiendo mi polla. Pasados unos minutos ella tensó su cuerpo y emitió unos gemidos como buenamente pudo sin sacarse de la boca aquel caramelito. Creo que llegó al orgasmo, o anduvo cerca, porque también me agarró de los huevos e intensificó el ritmo de su mamada provocando mi eyaculación casi instantáneamente. Brenda no paró de mamar mientras yo descargaba en su boca más lefa de la que creía posible que hubiese todavía en mis huevos. Al final tragó sin rechistar y levantándose me sonrió. Se fue colocando el bikini de forma muy natural como si no hubiese pasado nada y cuando hubo terminado se acercó a mi y agachándose de dio un dulce beso en los labios.

-Hasta mañana.

No se si fue a causa de que Brenda se esfumase tan rápidamente, pero el caso es que yo me quedé allí y por un momento me pregunté si de verdad había sucedido todo aquello. El sabor a sus jugos aún permanecía en mi lengua y aquello me alertó que todo lo que había ocurrido era real. Supe al instante que nunca olvidaría esa noche y que la guardaría en mi corazón y en mi mente de manera especial, a menos claro que… que hubiera más vivencias con Brenda que la dejaran atrás.
 
 

Jorge
 

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