MENUDA YEGUA
 
Cuando por fin pude hacerme con el dinero necesario realicé el sueño de mi vida, hacerme una casa en el campo y poder tener una pequeña granja, tener un caballo y salir con el perdiéndome entre la naturaleza. Siempre me ha gustado vivir solo, leer mucho y soñar despierto. La zona donde hice mi casa era un pueblo habitado por campesinos que vivían exclusivamente del campo, un lugar tranquilo que solo se veía alterado los fines de semana cuando los hijos de estos o familiares venían de visita. No había mucha gente joven , unos pocos soñadores que pretendían modernizar el pueblo a base de mucho esfuerzo y trabajo, hijos de estos campesinos que no querían despegarse de su pasado. Gente muy trabajadora.

Mi acompañante, como yo le llamaba, tenía por nombre “Belleza Negra”, realmente era hermoso, muy hermoso, la gente del lugar lo admiraba por su belleza, y los fines de semana siempre había alguien que quería verlo. Muchas veces me pidieron que mi caballo cubriera alguna yegua, pensando en un futuro Belleza Negra, y como era mi acompañante y mi amigo, pues siempre aceptaba, tenía el mismo derecho que yo a disfrutar. Siempre que lo veía montar a un yegua, muy de vez en cuando, me imaginaba que yo era el caballo. Cuando acababa de cubrir alguna yegua le guiñaba el ojo y le decía que estaba hecho un fiera.

Un día, un vecino me comentó que tenía una hija que deseaba que mi caballo cubriera a su yegua. Yo, como siempre, le dije que no había ningún problema. Su hija vivía en otra provincia pero su padre que le había hablado de mi caballo, la había convencido para que mi caballo montara su yegua, por lo que quedamos en que su hija me llamaría para ponernos de acuerdo en el día.

Cuando llegó esa llamada, ella se presentó :

–Hola, me llamo Andrea, soy la Yegua que quiere ser montada por tu caballo, jajaja-

Me sorprendí tanto por la simpatía que demostraba que yo tampoco me corté al contestarle.

–Pues encantado, cuando quieras vienes que te montaré, no quedarás desilusionada, jajaja

Y así estuvimos hablando un buen rato, entre bromas y risas, pero lo que ella no sabía es que estaba muy excitado , tan excitado que me empecé a masturbar mientras hablaba con ella, fue increíble. Cuando acabamos de hablar terminé de masturbarme, estaba realmente muy excitado, imaginando que ella podía ser la yegua y yo el caballo.

Cuando por fin llegó el día convenido, Andrea se presentó con su yegua, extrañándome que su padre no la acompañara. Salí a recibirla y nos presentamos, nos dimos un beso, y le ayudé a bajar su yegua del remolque, su yegua se llamaba “Dulce tormento”. Ella iba vestida con unas mallas de color blanco y camiseta a juego, ceñida, muy ceñida a su cuerpo, tenia unos pechos grandes, muy grandes. Decidimos dejar a la yegua fuera del cobertizo, para que pudiera tranquilizarse del viaje, así que hice café y nos fuimos para el porche, observando desde allí a la yegua ,y oyendo los relinchos y la excitación de Belleza Negra que ya se había percatado de la presencia de una yegua en celo. Mientras observábamos eso, Andrea y yo, no parábamos de mirarnos con picardía y de hacer comentarios sobre la monta que estábamos a punto de presenciar.

Cuando decidimos que era el momento, el cielo se cubrió de nubes negras amenazando una tormenta de verano incipiente, así que nos apuramos para meter a Dulce Tormento dentro del cobertizo y presentarle por fin a Belleza Negra. Solo la presencia de la yegua en su cercanía, ya había provocado que el caballo sacara su enorme falo de su escondite, era digno de ver la cara de Andrea, se quedó paralizada viendo la escena, el caballo se acercó por detrás a la yegua, que habíamos atado convenientemente por el morral, olisqueando su vagina, mientras la yegua soltaba a chorros su líquido, el caballo alzó sus patas delanteras apoyándolas sobre su lomo, buscando la entrada de la vagina, pero la yegua era inquieta y no paraba de moverse, por lo que Andrea , ante mi asombro, se acercó y con la mano agarró el miembro de Belleza Negra, acercándolo a la entrada de la Yegua, una vez el caballo notó la entrada , Andrea se puso a mi lada para observar la escena sin decir nada, paralizada con la boca entreabierta, yo por que negarlo, me había excitado y mi pene apretaba mi pantalón, imaginándome que las risas y bromas del café ahora podrían hacerse realidad.

Cuando el caballo eyaculó dentro de la yegua, se retiró a su cuadra, cansado y con espuma en la boca, mientras la yegua quedó tranquila comiendo la paja que le había preparado. Andrea y yo estábamos excitados, se nos notaba, por lo que nos acercamos sin decirnos nada y directamente, ella desabrochó mis pantalones, introdujo su mano y sacó mi pene, se arrodilló en el suelo y empezó a lamerme, recorriendo mi pene con su lengua, mi glande entre sus labios ,sus manos recorriendo mi vientre por debajo de mi camiseta de color negro. Cuando no me pude resistir mas, la incorporé y le bajé las mallas y braguitas que llevaba puestas, la puse a cuatro patas situándome detrás de ella, y busqué su sexo muy mojado con mis manos, introduje mi pene en ella, estaba caliente , muy caliente, agarré su melena con mis manos y la monte alocadamente. Ella soltaba gritos de placer que se juntaban con los míos y con los truenos que estaban sonando en el cielo, era maravilloso, era una sensación extraña, yo era un caballo y ella una yegua, era magnifico. Follamos en esa posición un buen rato, para luego apoyarme en el suelo con una mano, mientras con la otra acariciaba sus pechos por debajo de su camiseta, su vientre, su pubis, mis dedos tocaban su clítoris, estaba disfrutando, gozando. El movimiento circular de mi cintura, mis testículos parecía que iban a explotar, golpeaban una y otra vez en su culo, su maravilloso culo. Cuando no pudimos aguantarnos mas, gritamos que nos corríamos, al unísono, y así hicimos. Cuando nos vaciamos de placer un gran trueno sonó en el cielo, tumbándonos en el suelo, el uno al lado del otro, observando como llovía, volviendo a escuchar una y otro vez los rayos a través de la gran puerta del cobertizo, el aroma a campo mojado que entraba dentro, estábamos en la gloria.

Ese noche decidió pasarla en mi casa, para que la yegua no se cansara en otro viaje de regreso sin descansar lo suficiente en el establo

–Mañana será otro día, pobre yegua, que descanse-.(Je,je,je).

Corrufa
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