UN VIAJE EN EL AUTOBÚS 
 
El calor era insoportable en cola del bus, parece que el conductor sepa que cuando más calor hace mas despacio tiene que ir, lo único que te reconforta es que la  espera que se hace amena viendo a las mujeres lo fresquitas ve visten en el caluroso verano. Y el autobús sin llegar.  Y siempre las mismas personas esperando el autobús, menos mal que el autobús no ha llegado, sino se quedaría en pie la mama explosiva de baja en la Plaza de España,  siempre llega tirando de la mano de una niña rubita con pelo rizado, de  cuatro añitos, preciosa  al igual que la madre, que sobre tener 40 años aproximadamente, parece que tenga 28, pero es perfecta de formas y además sabe como vestir, sin enseñar nada,  su ropa describe las formas de un cuerpo trabajado, pero que en su día tubo que ser perfecto, y hoy aún es la envidia de las otras mujeres de la cola del autobús,  la miran por con ojos despreciadores por lo molesta que es la niña cuando sube al autobús, pero a ella no le importa, supongo que  ya tendrá bastantes problemas  en el trabajo y en su casa, como para tener que pasarse el viaje riñendo a la niña.

El calor de hoy era especial, a las 3 de la tarde nos amontonábamos en la fila del autobús esperando y  nos juntamos los pasajeros de las 15,20 horas y los de las 15,35 horas, y la niña sin estarse quieta. Yo miraba a su madre y ella miraba a la niña, aunque yo hoy notaba algo distinto, parecía como si me mirara, pero será el calor, una mujer así como me va a mirar a mí. La niña estaba jugando por los alrededores y se acerco a mí, sin decir nada y levanto la cabecita dedicándome una sonrisa, yo complaciente de ser el elegido de la niña correspondí mirándola y diciéndole hola, mientras su madre la llamaba para subir al autobús que ya se acercaba.
Como siempre, no hay sitio para sentarse y yo me pongo  de pie al final, así veo  a todos los pasajeros bajar y no me molestan los pasajeros que entran. La mamá hoy también se puso al final y mientras se acercában a mí, la niña me miraba sonriendo por ser único del autobús al que no molesta. Y la mama se acerca hoy más a mí para alejarse de los demás pasajeros que se amontonan. Hay que ver lo lejos que están a veces las personas sobre tenerlas a un paso de ti. Pero esta vez yo notaba que no estaba lejos, ella levanto su brazo para coger el tirante  que colgaba del techo del autobús, de la otra mano tenía a la niña cogida  para que estuviera quieta, esperando a que en la próxima parada alguien bajara y sentar a la niña. Yo podía olerla, era su olor natural, con un toque de perfume que pasa desapercibido, para los que están lejos pero se concentra conforme se acerca a ti. Ella me daba la espalda cuando el autobús frenó bruscamente y nuestros cuerpos se rozaron. Yo me puse un poco tenso, no quería  que ella pensara que me aprovecho de la situación, pero ella asintió con una sonrisa, sin darle importancia. Yo quería que entrara más gente en el autobús, para que se acercara más. La niña tiraba de ella hacia mí, que niñas más simpática y su madre haciendo fuerza. Su cuerpo ya estaba a cinco centímetros del mío y yo notaba que la niña estaba quieta y era la madre la que cada vez estaba más cerca. Que pechos, el brazo levantado y un pecho duro como una manzana, con toda su forma que se dibuja a través de su blusa sin mangas. Yo solo de mirarle los hombros ya estaba excitado. No quería que el conductor frenara porque esta vez no se como sería la sonrisa cuando notara mi pene erecto. De pronto la mama se inclinó a decirle algo a la niña, cuando su culo choco con mi sexo erecto, Diosssss, que pasará ahora, me montará un escándalo, pero ella continua inclinada con su culo restregando  mi pene cada vez es más grande.Se levanta pegadita a mi y me mira, su sonrisa ya no es igual, ella es cómplice esta vez, por su blusa ya asoma el pezón, duro, como queriendo traspasar la blusa.

La niña jugaba en el autobús repleto, su madre la miraba sin moverse de mi lado, apretaba sus nalgas contra mi pantalón  para que la traspasara y la gente a nuestro lado miraba hacia delante a la espera de su parada. Podía sentir su respiración acompasado a sus pechos que se movían al unísono, como queriendo escapar de la blusa. Su perfume estaba clavado en mi, ¡ que calor !, la mano se acerco a su falda, mientras ella cambiaba ligeramente de postura para pasar desapercibidos, que tela mas suave y que nalgas más duras, ella abría el culo para que me acercara al centro, cuando el conductor freno y ella se estremeció, notando la totalidad de mi pene. Mi mano apretaba sus nalgas,  ella descansaba su culo abierto sobre mi sexo, ya éramos uno. Yo  movía mi cintura suavemente para que mi pantalón penetrara su ano. Ella respiraba pausadamente, abriendo su boca, mojándose los labios lentamente con la lengua,  mientras contorneaba su cintura sobre mí. Los pasajeros más cercano no podían creer lo que estaba pasando.

Su mano empezó a entrar en el juego, una aguantaba erguida delante de mí, , sujetándose del tirante que colgaba y la otra se extendía sobre mi culo, clavando sus dedos en mis nalgas. La próxima parada era la Plaza de España, esta vez el autobús corría hacia la parada, mientras nosotros convertidos en uno, deseábamos no llegar nunca a nuestro destino. Su boca abierta, sus dedos dentro de mis nalgas, su culo contra mí y yo dentro de ella , moviéndonos suavemente el uno contra otro. La nena se acercó a nosotros diciéndole a su mama que la ahí estaba la parada. Se paso la mano por el pelo para arreglar su imagen de mamá. La niña se despidió de mí con una sonrisa, pero la mamá me dedicaba una mirada de complicidad y me  susurro   “hasta mañana”.

En 20 minutos llegue a casa, mi mujer estaba esperando, le di un beso de bienvenida, me apresure a ir al lavabo, a saludar a mi pene. Baje los pantalones y empecé a acariciarlo, él se puso firme con solo mirarlo. Empecé a pensar en esa mamá que se convertida en mujer, mientras acariciaba más rápidamente mi pene, esta vez la estaba penetrando, su boca estaba abierta completamente, su lengua asomaba por ella mojando sus labios y pidiendo más,  sus pechos duros apuntaban hacia mí. Rodeaba sus pezones con mis dedos, mientras ella saltaba encima de mí,  su cabello estaba  libre recorriendo su espalda y sus hombros. Mi mano apretaba el pene queriendo exprimirlo, y la mujer pedía más, saltaba y gemía, esta vez la podía sentirla dentro. Mi mano se aceleraba, mis sentidos hacían el amor,  podía oler su perfume, la acariciaba, mi sexo estaba al limite, yo me mojaba los labios de placer, abría mi boca para besarla, mientras ella con sus ojos pedía  más y más. Mi mano continuaba su tarea, yo clavaba mis dedos en sus nalgas y mi pene la penetraba, una mano suya acariciaba mis pezones erguidos y otra mano acariciaba mi pelo, saltaba, como si nunca hubiera hecho el amor. Mi pene cada vez estaba más duro, el semen quería salir al exterior mientras yo me resistía a terminar  con el placer de tener a una mujer así entre mis brazos. Podía sentir el flujo de su sexo mojando  mis partes, sus labios húmedos deseosos de caricias, sobre mi tenia a una mujer libre deseosa de placer y caricias. Mi pene ya no podía soportar la presión de mis sentidos y de la mujer manaba un río de placer. El semen salió de mi sexo y ella gritaba en silencio con una sonrisa complaciente, se abrazo a mí relajando todo su ser complacida del momento. Mi mano estaba agotada y mi pene exprimido pedía un descanso. Miraba mi mano llena de semen, me acordaba de la mama.

A la mañana siguiente a la salida del trabajo tome un taxi para ir a mi casa.
 

Angel
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