Sueños eróticos
Por Julio
 
Hace pocos años, me casé con una mujer estupenda, en realidad, una belleza dotada de un cuerpo que llama constantemente al erotismo. Los primeros tiempos fueron buenos sexualmente aunque no como lo hubiese deseado, después ella se fue apagando dejándome muchas veces caliente y sin poder follarla.

Andrea, como se llama mi mujer, muchas veces se refugió en un constante y extraño dolor de cabeza a la hora de hacer el amor. La tenía en la cama, a mi lado, semi desnuda, pero se negaba a entregarse a mis cachondos y frustrados deseos. Ella es la segunda de 3 hermanas y Paula, la mayor de ellas, se convirtió en mi verdadera amiga y confidente.

No tardé mucho en contarle mis problemas sexuales a Paula, principalmente quería decirle que su hermana menor, me complacía ya muy poco sexualmente.

- Esto es muy raro - me dijo en la ocasión Paula - Andrea siempre fue la mas cachonda de nosotras y siempre estaba pensando en el sexo, no pocas veces nos hablaba de calientes sueños que la asaltaban por las noches. También era frecuente encontrarla masturbándose.

Todo esto me planteaba un difícil problema que no podía resolver: Cómo hacer que Andrea volviera a ser aquella chica caliente de la cual hablaba su hermana Paula.

Las noches eran un verdadero martirio, miraba sus senos, sus muslos, su culo.. y no podía gozar de todas esas maravillas.

- Tal vez mañana - siempre contestaba Andrea a mis deseos sexuales - me duele la cabeza y no podría hacer el amor.

Cuando lograba follarla, tampoco me permitía realizar aquellos calientes deseos del sexo como, una buena mamada, una posición exótica... y así.

Paula me decía que era probable que su hermana continuara prefiriendo la masturbación y el auto erotismo de los sueños y deseos ocultos.

Resultó que una noche mientras Andrea ya dormía, buscando algo que no recuerdo, encontré su diario de vida, donde a veces escribía sus cosas personales. Muy emocionado fui a otra habitación a leer el secreto diario de mi esposa. Repasé varias hojas y no encontré cosas extrañas, sin embargo el corazón se aceleró cuando leí lo siguiente:

Querido diario : anoche he tenido un sueño maravilloso, aconteció que en aquel sueño, un desconocido entró ha mi habitación mientras mi marido no estaba y me violó deliciosamente otorgándome infinidad de placeres sexuales. Me he masturbado varias veces pensando en aquel sueño.

No pude evitar pensar en las palabras de su hermana Paola que me habían ya advertido sobre esta caliente afición de mi esposa... disfrutar de sueños eróticos y masturbarse con su recuerdo. Sigo leyendo el diario de mi esposa y luego me encuentro con otra descripción de sus sueños, en este decía :

Querido diario, he tenido un sueño delicioso, soñaba que a casa llegaba un hombre mayor, yo me vestía provocativamente y me sentaba frente a él enseñándole mis bragas y gran parte de mis muslos. El hombre se excita poderosamente y me posee violentamente otorgándome calientes placeres que nuevamente me han costado deliciosas y solitarias masturbaciones.

A este punto ya había descubierto la razón de la indiferencia sexual de mi esposa: Ella vivía de sus calientes sueños y de sus solitarias pajitas. Guardé el diario y me fui a acostar, estaba más caliente que nunca luego de haber leído el diario de Andrea, intenté despertarla para follarla o hacer algo parecido pero me encontré con su eterno dolor de cabeza y su nulo deseo de hacer el amor. Debido a todo esto, planeé algo que permitiera devolver a mi esposa, sus desvanecidos deseos sexuales para conmigo.

Mi plan era arriesgado pero no tenía alternativa: Entraría a la habitación como un desconocido, como un violador que viene a follarla, era lo necesario para hacer realidad su primer sueño erótico. Compré una máscara y soga para atarla, además puse atención en despojarme de todo lo que le permitiera identificarme como su marido.

Aquella noche llevaría a cabo mi plan y le dije:

- Querida, esta noche debo salir por asuntos de trabajo de manera que llegaré algo tarde.

- Está bien querido - me contesta ella - no te preocupes por mí, tengo sueño y me iré a la cama enseguida.

La veo desnudarse y meterse a la cama complacida por que yo estaría ausente. Desde ya, su desnudez me había calentado lo suficiente de manera que eso me dio más animo para realizar mi plan. La besé y salí de la habitación, fingí que salía de la casa y esperé algunos minutos afuera.

Me pongo mi disfraz de violador y estando todo listo, entro en el dormitorio matrimonial ruidosamente... ella despierta.

- ¿Qué sucede? - la escucho decir - No dándole más tiempo de reacción me lanzó sobre ella e intento inmovilizarla. La obligo a ponerse boca abajo y cruzo sus manos sobre su espalda, logrado esto, ato sus manos con la soga.

Distorsionando mi voz le digo:

- Serás violada, no intentes defenderte.

- Oh.. la oigo suspirar.. no por favor, vuelve a decir.

Aprieto nuevamente la soga que amarra sus manos y la tomo del cabello para hundir su rostro contra la almohada. Ahora se queda tranquila pero respirando aceleradamente, ha quedado a mi voluntad y comienzo a acariciar su espalda, su cuello y su culo que se me ofrece muy atractivo a mí.

Mi polla se endurece rápidamente al tocar generosamente el cuerpo de mi esposa. Ella se ha quedado muy quieta y creo que es el momento de ponerla boca arriba, suelto sus manos y la hago tomar dicha posición. Su rostro tiene una extraña expresión que no puedo descifrar, miedo o calentura, no lo sé. Afortunadamente no parece reconocerme y ahora ato sus muñecas para dejarlas fijas al borde de la cama, de manera que su pecho y su cuerpo entero quede a mi placer. No debo olvidar mi actuación de violador y de un brusco tirón, arranco la parte superior de su camisa de dormir... sus bellos y eróticos senos quedan a la vista.

Me abalanzo sobre ellos y comienzo a chupar sus pezones, uno y otro con una calentura que había acumulado ya desde hace buen tiempo, es una delicia para mis manos y mi boca. Sin embargo, debo reconocer que mantener a mi esposa amarrada, me ha provocado una excitación extra lo que me permite actuar como un verdadero violador para ella.

Me canso de sus senos y ahora mi atención se fija en sus braguitas, aquellas que no he bajado desde algún tiempo. Le ordeno que levante sus caderas para quitar sus bragas, ella obedece y entonces puedo apreciar el tesoro que guarda entre sus piernas, el lindo vello del pubis y la rosada hendidura de su sexo. Como un demente me apodero oralmente de su sexo lamiendo y metiendo mi lengua en su tibia y algo húmeda cavidad. Tomo su culo y la follo con mi lengua, sus suspiros y gemidos han comenzado a llegar a mis oidos. Ella se ha calentado mucho y en su agitación, tira de las sogas que tienen prisioneras sus manos... creo que le causan dolor, pero todo esto aumenta mi placer a tal punto que ahora decido atarla de los pies. En esa posición aún mas erótica, vuelvo a atacar su sexo que se encuentra a este punto, tibio y decididamente húmedo. Sus gemidos aumentan y so pretexto de acallarla, tomo sus bragas y las pongo en su boca de manera que sienta su propio olor y deguste el sabor de su coñito.

Mis tocaciones no tiene fin y disfruto del inmovilizado cuerpo de mi esposa... recuerdo la teoría de su hermana Paola diciéndome que Andrea es una pajera empedernida y me dispongo a masturbarla con mis dedos hasta hacerla acabar. Los gemidos ahogados por la braga en su boca me dicen que la masturbación está funcionando y que pronto Andrea tendrá su primer orgasmo manual.

Libero ligeramente su boca para escuchar mejor sus calientes gemidos y la beso en la boca. Increíblemente ella me ofrece su ardiente lengua para aumentar su placer, esto nunca me lo hubiera dado como marido, pero ahora no puedo filosofar tanto y sintiendo sus ardientes besos la hago correrse con mis dedos. Nunca la vi gozar de esta manera y su boca entreabierta me provoca otra audaz idea: Poner mi verga en sus labios, lo dudo un poco pues Andrea nunca ha sido aficionada a darme sexo oral.

Pero recuerdo que ahora soy su violador y tomando sus mejillas con mis manos, le introduzco la verga hasta la tibia cavidad de su boca. Lo increíble sucede, Andrea recibe mi mojada polla en su boca y comienza a darme una agitada mamada. Que inmenso y desconocido placer me está dando mi esposa, lo disfruto sin olvidar que soy su violador para no poner en peligro mi identidad.

Estiro las sogas para darle algo de dolor y así ella me pueda mamar con mayor intensidad, el truco resulta y a cada tirón de las sogas, Andrea hace mas ardiente su tarea oral.

Pero ya no lo resisto y debo follar a Andrea pues mi ansiedad no tiene límite, me salgo de su boca mientras lanza un suspiro y abro sus piernas aún atadas. Las ataduras me molestan de modo que libero las piernas de Andrea para una mejor penetración. Recuerdo que hago el papel de un violador de manera que la penetro con fuerza hasta lo más profundo y comienzo a follarla como nunca antes lo había hecho en mi vida.

Andrea jadea de placer y su cuerpo me hace saber cual es el ritmo mas placentero para ella... su culo se mueve a mi compás y nada tarda en alcanzar diversos orgasmos que la repletan de goce. Yo mismo no puedo soportar mis deseos de llenarla de semen y me entrego a la mas caliente follada que termina minutos después en una soberbia eyaculación. Salgo de ella y suelto una de sus manos atadas a la cama... ella utilizando dicha mano libre, toma uno de mis muslos y me atrae hacia si, cuando me tiene muy cerca, toma mi verga empapada de mi propio semen y la lleva a su boca.

En ese momento comienza a degustar los restos seminales que quedaban en mi polla, la verga se endurece nuevamente ante la suave caricia de su lengua o de sus labios que atrapan las últimas gotas del placer de la violación.

Es increíble cómo me ha sorprendido mi esposa en toda esta sesión de sexo obligado, pero el tiempo transcurre y debo volver a tomar mi papel de esposo.

Salgo de la habitación dejando a Andrea atada de una sola mano para que pueda liberarse con facilidad, una vez afuera, saco mi disfraz de violador y me visto de manera habitual.

Le doy una media hora para que mi esposa reaccione y no me imagino cómo irá a ser mi recepción por parte de mi esposa.

Entro finalmente en el dormitorio y puedo apreciar que todo está bien y ordenado como si nada hubiese pasado. Me acerco a ella que parece dormir, viste ahora otra camisa de dormir (la anterior la destrocé yo mismo), la beso en la mejilla y la saludo:

- Hola mi amor, ya he regresado, ¿Cómo estás?

- Hola cariño - me responde - estoy bien, he dormido plácidamente y me alegro que hayas llegado, ya no me duele la cabeza... ¿Por qué no te desnudas y te acuestas junto a mí? Esta noche me siento muy especial.

Y ciertamente aquella noche fue muy especial junto Andrea, hicimos el sexo como nunca lo había imaginado, y vinieron muchas noches más de ardiente deseo. Haber hecho realidad uno de sus sueños, cambió su comportamiento sexual, mi esposa volvía a ser la mas caliente de todas como dijera su hermana Paula...

Sin embargo, si Andrea volviera a enfriarse nuevamente, no me quedaría mas remedio que hacer realidad el segundo sueño que estaba escrito en su diario, aquel que decía que había gozado extraordinariamente con un hombre mayor al cual había seducido mostrándole sus braguitas.

Desde entonces estoy pensando y buscando al hombre mayor que pueda follar a mi esposa para que ella vuelva a recobrar su caliente actividad sexual. Ya estoy convencido de que por tener sus favores cachondos, haré cualquier cosa.
 

Julio
 
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