Cornudo y feliz, por un par de buenas tetas
 por Belda
Antes de nada debería dejar claras un par de cosas. Mi obsesión por los pechos grandes y macizos y una cierta tendencia a la sumisión.

Mi mujer es una mujer hermosa como a mí me gustan las mujeres: no demasiado alta, algo rellenita y con un buen pecho. Cuando nos casamos gastaba una talla 90, con una gran densidad que cuando lo aprietas se nota duro y relleno. Lo tiene algo caído, pero sería impensable que con ese tamaño y peso estuviera erguido.

Una talla 90 no es mi medida ideal, pero como no es lo único que me gusta de ella., ya estaba bien. Nuestra vida sexual, desde un buen principio fue bastante aburrida, si bien me costaba mucho que me dejara penetrarla, ella disfrutaba desnudándose e incluso durmiendo casi desnuda, para ver la reacción de mi pene ante cualquier visión de sus pechos. Si mi excitación le resultaba divertida me dejaba que intentara prepararla lamiéndole los pechos y chupándole el clítoris. Este juego tenía un doble efecto. Mi excitación aumentaba una barbaridad y ella se corría con grandes espasmos. Por supuesto casi nunca se quedaba con ganas de acabar follando y se dormía. Cuando ella estaba dormida yo aprovechaba para hacerme una paja mirándole los pechos. SI ocasionalmente no se dormía, conseguía convencerla de ir al cuarto de baño y que me hiciera una paja. Esto lo conseguí sólo un par de  veces ya que enseguida me convenció de que si me la hacía solito, ella se acariciaría los pechos y se chuparía los pezones. Fijaos en que poco a poco mi mujer había conseguido que sólo se la metiera un par de veces al año y que el resto de nuestra sexualidad fuera que yo le hiciera sexo oral a cambio de... de poder adorar sus tetas y su cuerpo de mujer. A los pocos años de casados ella empezó a engordar. SI bien no me hacía ninguna gracia, comprobé que le crecían los pechos, y sin que ella se diera cuenta la fui animando hasta que llegó a casi una talla 100. Ese fue el principio del fin. Cuando dejaba que me masturbara mirándola, empecé a enloquecer viéndole las tetas y a explicarle que por esos pechos yo era capaz de aguantar sin follar con nadie, que sería feliz siendo esclavo de unas tetas como esas, que me convertiría, aunque ya lo era, en su perrito lamedor. Y así poco a poco me fui convirtiendo en el juguete sexual de mi mujer. Con la que, por otra parte, tenía una relación de pareja, excelente, siendo yo el que llevaba la dirección de la familia en todo, menos en el sexo.

Cada vez se dormía menos después de que le comiera el coño y disfrutaba viendo como me masturbaba yo mismo adorándola. Llego a incluso a comprarme revistas pornográficas y me las ponía delante para comprobar como yo seguía prefiriendo sus enormes  tetas de gorda que a las bellezas de papel.

Entre lamidas, peladas y fantasías iba avanzando nuestra vida sexual, hasta que decidimos tener un hijo. Lo calculó para que con un par de polvos la dejara embarazada y yo tuve la mala pata de ser muy fértil y dejarla preñada a la primera. Un cálculo perfecto y mi buena puntería hicieron que con una sola follada la dejará encinta.

Durante los cinco primeros meses de embarazo no tuvimos ninguna relación e incluso ella evitaba desnudarse delante de mí. Lo pasé muy mal, intentando aguantar y respetarla ayudándome de las películas de los viernes del canal plus. Un viernes por la noche ella se despertó y me pilló con las manos en la masa. Sin enfadarse se sentó a mi lado y se puso a  ver la película. EN ella se veía como una mujer joven le ponía los cuernos a su marido, delante de él con un vecino algo mayor pero con un pene enorme.
 
A mi mujer siempre le habían atraído los hombres casados algo mayores que ella y con pinta de ser un poco calaveras, por lo que la película resultaba tremendamente excitante para ella, hasta el punto que se desnudó del todo y empezó a acariciarse. Cuando se quitó la ropa yo ya no pude volver a mirar la película. Su pecho había aumentado hasta una talla algo mayor del 115. Fascinado no vi ni tan siquiera un reportaje que sobre dominación femenina hicieron al acabar la película. Al acabar la tele mi mujer me ordenó que fuera al cuarto de baño, pero que primero fuera a la galería desnudo a buscar las pinzas de la ropa. Estoy seguro que más de una vecina me vio desnudo con mi pollita, 13 cm., erecta. Una seguro que sí por que cuando me la cruzaba por la escalera se sonreía y en alguna ocasión se permitió algún comentario sobre las cositas pequeñas.

En el cuarto de baño, mi mujer me puso algunas pinzas en los pezones y en el escroto y me ordenó que me hiciera una paja mirándola. Aquí se desató todo. Os intentaré reproducir el diálogo que tuvimos para que entendáis lo que paso, mientras le miraba las enormes tetas.

 - Hazte una paja, quiero ver como esa pollita se corre sobre mis tetas.

- Lo que quieras. Si se te quedaran así las tetas para siempre te juro que sería capaz de renunciar a follarte nunca más. Te dejaría que follaras con otros. Que me hicieras un cabrón, que follaras con hombres de verdad con pollas de verdad. Te dejaría que lo hicieras delante de mí. Me gustaría ver como te follan de verdad mientras yo me la pelo viendo como mi mujer me convierte en el mayor cornudo del mundo. Me acariciaría los cuernos viendo como una gran polla te la mete y hace contigo lo que quiere. Y tú podrás hacer conmigo lo que quieras, ponerme pinzas, azotarme, darme por el culo, lo que quieras.

En ese momento me corrí llenándole las tetas y la cara de leche. Al disminuir la excitación, empecé a notar el dolor de las pinzas en los pezones y en el escroto e intenté quitármelas pero...

- Ni se te ocurra quitártelas cabrón, pasa al dormitorio y chúpame el coño. ¿No te habrás olvidado ya de tu promesa?.

Pasamos al dormitorio y mientras le chupaba el coño empezó a hablar.

- Por fin lo has entendido. Tienes una pollita que no me llena y como hombres no vales nada, cabrón. Te voy a convertir en el cornudo mayor del mundo y me va a gustar que me veas follando con hombres de verdad y pollas grandes y hermosas.

Así estuvo durante un buen rato hasta que se corrió como jamas le había visto. Yo volví a tener una erección y me hice una paja sin que se diera cuenta de lo mucho que me excitaban sus palabras.  Estaba asustadísimo de su reacción y de que lo fuera a hacer de verdad.

Durante el resto de los meses del embarazo no volvimos a comentar el tema. A los pocos meses de nacer el niño, me destinaron a la delegación sudamericana  de la empresa en la que yo trabajaba, con la promesa de que después de seis meses me otorgarían la jefatura de la sede empresarial en una importante comunidad autónoma de nuestro país. Fueron seis meses de un trabajo tan intenso que en ningún momento puede regresar a España y en los que, tal era mi cansancio, ni pensé en el sexo. Cuando acabó todo mi mujer me pidió que no regresara directamente, que vendría ella a buscarme y pasaríamos unos días de vacaciones. Me citó en un hotel de la costa del país dónde yo estaba, para un par de días después de que ella se instalara.

Yo estaba muy deseoso de verla, pero creerme si os digo que era más por una cuestión de  ternura que por otra cosa, de tan extenuado que yo estaba.

Un viernes llegué al hotel y me encontré con mi mujer totalmente cambiada, durante esos meses había decidido cuidarse, hacer régimen y gimnasia. Aprovechando que era primavera ella iba vestida con unos vestidos muy vaporosos, que si bien permitían ver lo hermosa que estaba, no dibujaban sus formas.

Durante un par de días nos dedicamos a hablar y a pasear hasta que yo me recuperé un poco. El lunes durante la siesta mientras se desnudaba me explicó todo el régimen y los ejercicios que había hecho y como se había puesto en manos de médicos para que con medicación especial le quedaran los pechos en la talla que el embarazo y la lactancia le habían dado. Esto último lo dijo mientras se quitaba el vestido por la cabeza y pude ver sus pechos enormes y morenos. Me dio una cinta métrica y me obligó a que le midiera las tetas. Lo tuve que hacer con su ayuda por lo fascinado que quedé con esos pechos: Enormes, turgentes, morenos y naturales. Divinos.

- Has visto. Me ha costado mucho, pero tengo la talla que tú querías. Lo he hecho por amor, te quiero mucho y quiero realizar tus fantasías, que son también las mías. Así que desnúdate, no te toques y siéntate en la butaca del comedor. Hoy no te pondré pinzas ni nada, ya llegará. Hoy quiero tener a un hombre de verdad, quiero que veas como una polla auténtica y no esa porquería que tienes, me folla bien follada.

- Pero...

- Lo juraste y lo vas a cumplir. A las cinco en punto vendrá el jefe de camareros. Espera encontrarme sola, pero creo que no le importará

Ciertamente a las cinco llegó un señor, mayor que nosotros, bien plantado. Al verme desnudo en el cuarto hizo una mueca de interrogación, pero cuando mi mujer le dijo que ni se preocupara que sólo era su marido y que si me miraba entre las piernas vería que no había mucha cosa, él se limitó a desnudarse a ponerla a cuatro patas, como si lo hubieran hablado y a meter le una enorme polla de golpe en el coño.
Mi mujer mirándome empezó a hablar.

- Es esto, cabrón, lo que querías?. Yo sí que lo quería. Hace mucho que sueño con ponerte los cuernos maridito mío con una buena polla. Acaríciate la frente y haz ver que te tocas los cuernos, cabrón. Se te pone la pollita dura de ver como se follan a tu mujer. Como te excita, cabrón ver como estas tetas se mecen al ritmo que marca una polla que no es la tuya.

Entre llamarme cabrón y cornudo y sus gemidos pasó casi media hora en la que se corrío infinidad de veces y sólo hacia el final me dejó que me la pelara sobre sus adoradas tetas.

El jefe de camareros no podía seguirle el ritmo. Se había corrido un par de veces sobre su espalda y ella no hacía sino pedirle más. Incluso para excitarlo le ofreció el culo. El pobre hombre no pudo. Mi mujer comportándose como una auténtica puta lo había agotado.

Al acabar y después de hacer que le limpiara de leche su coñito,  mi mujer me agradeció que la dejara realizar sus fantasías y me dejó muy claro que a partir de ese momento el pacto era el que yo le dije: nunca más volvería a follar ni con ella ni con nadie, le dejaría que follara con quién quisiera siempre que fuese delante de mí y me convertía en su esclavo sexual para todo lo que ella quisiera. Su única condición fue que lo haríamos en zonas donde no nos conociera nadie y que dado mi nuevo cargo podríamos pagarnos vacaciones sexuales. Vacaciones cornudas. Así las bautizó.

Atreveos a dejar a vuestras mujeres que hagan lo que hace la mía. Os juro que nunca había tenido una vida sexual tan rica y satisfactoria. Claro si es que vuestras mujeres tienen una tetas que valgan la pena ser adoradas . SI no, vosotros os lo perdéis. Y si tenéis una buena polla, tal vez tengáis suerte y mis próximos cuernos sean en tú ciudad. Quién sabe. Fijate si ves a una mujer adorable, con una gran pecho y seguida por un hombre que no puede apartar su miradas de las tetas de su mujer. Podríamos ser nosotros. O cualquier otra pareja igual. Una mujer de pecho grande y hermoso  puede hacer lo que quiera con cualquier hombre, en especial con su marido.

Un marido feliz.
 

por Belda
 
 

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